Mientras el genocidio contra la población palestina en Gaza continúa y las incursiones militares, asesinatos, ataques de colonos y desplazamientos forzosos se intensifican en Cisjordania, Jerusalén sigue siendo uno de los principales frentes de la política colonial israelí. Las autoridades de ocupación y los grupos de colonos mantienen una estrategia permanente de expulsión, demolición, apropiación de tierras y restricciones contra la población palestina, una realidad que no comenzó con el genocidio en curso ni puede explicarse como respuesta a actos de resistencia. Las cifras registradas durante el mes de julio vuelven a demostrar la continuidad de este proceso.
«La realidad sobre el terreno demuestra que el desplazamiento forzoso y la violencia contra la población palestina forman parte de un proyecto colonial sostenido en el tiempo y no pueden entenderse únicamente a través de los acontecimientos más recientes.»
El mes de julio volvió a dejar un preocupante aumento de las violaciones cometidas por las autoridades israelíes y los grupos de colonos en la Jerusalén ocupada. Las cifras reflejan una política continuada de represión contra la población palestina, de restricción del acceso a los lugares sagrados y de expansión de la colonización en la ciudad.
Durante el último mes se registraron 37 órdenes de prohibición de acceso a la mezquita de Al-Aqsa y a la Ciudad Vieja, mientras que 200 personas fueron detenidas en Jerusalén. Al mismo tiempo, 9.650 colonos irrumpieron en los patios de la mezquita de Al-Aqsa, bajo protección de las fuerzas de ocupación, en una nueva escalada de las provocaciones contra uno de los lugares más sagrados para el pueblo palestino.
La política de desplazamiento forzoso también continuó intensificándose. En julio se documentaron 19 demoliciones de viviendas e instalaciones palestinas, además de 14 casos de autodemolición forzada, en los que las familias se vieron obligadas a destruir sus propias viviendas bajo amenaza de elevadas multas y represalias por parte de las autoridades israelíes.
La expansión colonial tampoco se detuvo. Los colonos se apropiaron de 12 dunams (12.000 metros cuadrados) de tierra en la localidad de Silwan, mientras que seis familias palestinas fueron expulsadas de la propiedad de la familia Bashafi, en la Ciudad Vieja de Jerusalén, profundizando el proceso de desposesión que afecta a la población palestina de la ciudad.
Las cifras de julio no representan hechos aislados, sino la continuidad de una política de colonización y sustitución demográfica que se desarrolla desde hace décadas en Jerusalén y en el conjunto de la Palestina ocupada. Mientras el genocidio continúa en Gaza y las agresiones contra la población palestina se recrudecen en Cisjordania, Jerusalén sigue siendo objeto de una ofensiva permanente destinada a consolidar la ocupación mediante las detenciones, las demoliciones, las expulsiones y la expansión de los asentamientos. La realidad sobre el terreno demuestra que el desplazamiento forzoso y la violencia contra la población palestina forman parte de un proyecto colonial sostenido en el tiempo y no pueden entenderse únicamente a través de los acontecimientos más recientes.