La próxima conferencia de Masar Badil en São Paulo (28–31 de marzo de 2026) marca una escalada audaz en la lucha de la diáspora palestina: un paso hacia la confrontación política abierta con el sionismo y el imperialismo en América Latina. Este artículo de Rima Najjar analiza el significado estratégico, las tensiones ideológicas y el papel de la diáspora como vanguardia activa en el movimiento de liberación palestino
Masar Badil en São Paulo: desafío, organización y reflexión crítica
La próxima conferencia de Masar Badil en São Paulo (28–31 de marzo de 2026) se perfila como una escalada deliberada y audaz en la lucha política de la diáspora palestina. En palabras del miembro fundador Khaled Barakat, representa un «salto cualitativo» hacia la confrontación política abierta. Al elegir Brasil —un país marcado por una profunda penetración sionista en los ámbitos económico, militar-securitario y evangélico, junto a vibrantes tradiciones de izquierda y antiimperialistas— las y los organizadores convierten posibles vulnerabilidades en ventajas estratégicas.
Esta elección aprovecha el impulso global de solidaridad intensificado tras el 7 de octubre, el poderoso simbolismo del Día de la Tierra (conmemorado en torno al 30 de marzo) y la larga historia de resistencia de América Latina frente al colonialismo de asentamiento, la injerencia extranjera y el imperialismo.
En una entrevista en pódcast en el canal de YouTube de Alkarama-Palestina, la coordinadora de Samidoun Ruwaa al-Saghir (São Paulo) —junto a Khaled Barakat (Beirut) y Jaldía Abubakra (Madrid)— explicó que el continente vive actualmente un fuerte ascenso de las fuerzas de extrema derecha, elecciones presidenciales en el horizonte y la presencia arraigada de empresas de defensa y vigilancia vinculadas a Israel, sistemas de reconocimiento facial y redes evangélicas que penetran en los barrios populares. Lejos de esquivar estas realidades, la conferencia entra deliberadamente en este terreno para exponer la infiltración sionista, nombrar al enemigo común y afirmar que sionismo e imperialismo son inseparables.
Lo que hace verdaderamente audaz el evento es su negativa a tratar América Latina como un mero telón de fondo para una solidaridad distante. Como señala al-Saghir, la conferencia ofrece la oportunidad de recuperar la voz del Sur Global: tejer un puente entre la lucha palestina y las luchas en curso de los pueblos de Brasil, Argentina, Chile y Venezuela, bebiendo de cinco siglos de desposesión colonial compartida, resistencia indígena y memoria antiimperialista. En una región aún marcada por el recuerdo de los golpes militares y que enfrenta nuevas amenazas estadounidenses contra Venezuela, convocar un evento así constituye en sí mismo un acto de desafío político, transformando la diáspora de base de apoyo pasiva en primera línea activa.
Masar Badil desarrolla activamente una estrategia multilingüe para ampliar su alcance, especialmente entre las generaciones jóvenes de la diáspora que pueden no hablar árabe con fluidez. El movimiento se apoya en sus redes consolidadas —Samidoun en la solidaridad con las y los prisioneros, Alkarama en la organización de mujeres y diversas estructuras juveniles— que han movilizado cientos de actos, protestas y seminarios web desde 2021.
Claridad ideológica y sus tensiones estratégicas
En el plano ideológico, Masar Badil ofrece una claridad sin concesiones. Rechaza el marco de Oslo, la coordinación de seguridad de la Autoridad Palestina con el ocupante y el paradigma dominante de los dos Estados, situando en cambio a Palestina como vanguardia de una lucha antiimperialista global. Esta posición atrae a activistas desilusionados con enfoques moderados o institucionalizados, ofreciendo una alternativa radical.
Como recordó Khaled Barakat, la operación del 7 de octubre y la respuesta genocida posterior han impuesto nuevas prioridades a todas las corrientes palestinas: el trabajo urgente y práctico de detener la masacre, inundar calles, universidades y sindicatos, y levantar consignas antes consideradas marginales —«Viva el 7 de octubre», «Viva la resistencia armada», «Del río al mar». La conferencia de São Paulo prolonga este giro llamando abiertamente a la rebelión popular contra una Autoridad Palestina que coordina la seguridad con el ocupante, margina la resistencia e impone el reconocimiento de Israel como condición de pertenencia política.
Sin embargo, esta reivindicación del 7 de octubre genera una tensión estratégica: cómo defender el derecho de principio a la lucha armada —reconocido en el derecho internacional y reiterado en resoluciones de la Asamblea General de la ONU, aunque sistemáticamente criminalizado por Israel y Estados Unidos como «terrorismo»— y al mismo tiempo construir las coaliciones internacionalistas más amplias posibles para enfrentar el genocidio y el imperialismo. Para muchos aliados potenciales en la izquierda global, o entre quienes están horrorizados por la destrucción en Gaza, una celebración inequívoca del ataque puede resultar difícil, no porque la resistencia armada sea intrínsecamente ilegítima, sino porque décadas de propaganda israelí y estadounidense han presentado cualquier respaldo a la acción militar palestina como una transgresión moral.
Masar Badil parece resolver esta tensión negándose a diluir su claridad política, insistiendo en que un despertar genuino exige confrontar realidades incómodas en lugar de adaptarse a líneas rojas impuestas externamente. Si esta postura sin concesiones amplía o limita finalmente el frente de solidaridad será puesto a prueba en espacios como la conferencia de São Paulo, donde el movimiento busca movilizar actores diversos bajo su bandera.
Jaldía Abubakra subrayó otra dimensión de este coraje: la insistencia en que mujeres y juventud —especialmente quienes nacieron en la diáspora— deben ocupar roles centrales y no decorativos, transformando estereotipos y movilizando comunidades enteras en lenguas y espacios que la política oficial suele ignorar.
Represión, dinámicas internas y la cuestión de la vanguardia
Un elemento central en la autocomprensión del movimiento es la transformación de la represión en una forma de validación. Las y los organizadores interpretan cada sanción, detención, restricción de viaje, bloqueo de financiación o presión de los lobbies para cancelar eventos no como retrocesos, sino como prueba de un impacto real. Como han afirmado repetidamente, «cada paso represivo solo enciende mayor determinación». La intensidad de la respuesta —desde designaciones en Estados Unidos y Canadá hasta prohibiciones en Alemania y sanciones personales contra dirigentes— demuestra que Masar Badil está alterando flujos financieros, el control narrativo y la pasividad de la diáspora de maneras que amenazan de forma efectiva al proyecto sionista y a sus apoyos.
Incluso el hecho de seguir siendo una voz minoritaria dentro del amplio espectro pro-Palestina se reformula como fortaleza. Al rechazar la cooptación y competir abiertamente con la diplomacia palestina oficial y con grupos de solidaridad más moderados, el movimiento reivindica su autenticidad como camino revolucionario genuino —indomable y, por tanto, objeto de represión.
La lectura de la represión como validación, aunque poderosa desde la perspectiva del movimiento, invita a examinar con más detenimiento sus costes estratégicos. El vanguardismo puede forjar un núcleo revolucionario altamente comprometido, pero a menudo a costa de la amplitud. Al tratar prácticamente todo compromiso o participación institucional como cooptación, Masar Badil corre el riesgo de sectarismo político, estrechando alianzas con fuerzas pro-Palestina más moderadas y dificultando las coaliciones diversas y mayoritarias que históricamente han sido esenciales en luchas de descolonización exitosas. ¿Es el aislamiento realmente prueba de eficacia de vanguardia, o puede limitar la capacidad del movimiento para escalar la movilización de masas en un momento de genocidio y polarización global creciente?
Las y los organizadores probablemente responderían que un despertar de masas genuino exige claridad sin concesiones más que dilución estratégica, y que la transformación del discurso global tras el 7 de octubre —donde consignas antes marginales han ganado amplia legitimidad— ya demuestra la eficacia de su enfoque. La planificación continuada —e incluso ampliada— de la conferencia a comienzos de 2026, pese a sanciones acumulativas, detenciones de alto perfil (como la del miembro del comité ejecutivo Mohammed Khatib en Grecia) y persistentes presiones sionistas para bloquear sedes, se presenta como la validación más clara en la narrativa organizadora. La conferencia de São Paulo funcionará así como una prueba en tiempo real de esta tensión: si una organización audaz y confrontativa en terreno disputado puede expandir la solidaridad o si, por el contrario, refuerza la posición del movimiento en los márgenes de primera línea.
Teoría del cambio: medios, fines y camino a seguir
El énfasis de Masar Badil en el desafío, el avance y el poder transformador de conferencias y redes irradia una energía inspiradora, pero deja abierta una cuestión más profunda: ¿cuál es la teoría concreta del cambio? Si el objetivo explícito sigue siendo la liberación total de Palestina del río al mar —rechazando la diplomacia de dos Estados, los compromisos de Oslo y el marco de la Autoridad Palestina— ¿cómo se traducen las iniciativas lideradas por la diáspora en cambios tangibles sobre el terreno? ¿Cómo fortalecen la firmeza en Gaza y Cisjordania, empoderan a las y los palestinos dentro de las fronteras de 1948 o erosionan las bases materiales de la ocupación?
Las y los organizadores probablemente responderían que la concienciación, la construcción de frentes de resistencia unificados y la presión internacional sostenida constituyen precondiciones indispensables para cualquier ruptura, especialmente tras décadas de diplomacia fallida. Podrían señalar la ruptura del 7 de octubre como demostración de cómo la iniciativa armada, respaldada por apoyo popular y global, puede alterar la ecuación. Sin embargo, sin una vía claramente articulada que vincule el vanguardismo de la diáspora con las realidades cotidianas de quienes viven bajo asedio, el proyecto corre el riesgo de permanecer más aspiracional que operativo: más punto de convergencia moral e ideológico poderoso que estrategia plenamente desarrollada para una victoria decisiva.
El encuentro de São Paulo, a través de sus talleres y declaraciones conjuntas, proporcionará una medida concreta de si este enfoque puede forjar conexiones reales entre el activismo de la diáspora y la resistencia en la patria, o si persiste la brecha entre retórica e impacto sobre el terreno.
En última instancia, la conferencia de São Paulo encarna la convicción más profunda del movimiento: cuando los imperios estrechan su cerco, la respuesta revolucionaria no es el repliegue, sino un avance más audaz e internacionalista, transformando el terreno elegido por el adversario en el siguiente escenario de lucha.
Este artículo fue publicado originalmente en inglés y traducido al castellano por Alkarama.
Rima Najjar es palestina; la familia paterna procede de Lifta, aldea despoblada por la fuerza en las afueras occidentales de Jerusalén, y la materna de Ijzim, al sur de Haifa. Es activista, investigadora y profesora jubilada de literatura inglesa en la Universidad Al-Quds, en Cisjordania ocupada.