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Palestina antes de Oslo: soberanía popular bajo ocupación

Cómo la organización popular palestina construyó soberanía bajo ocupación antes de los Acuerdos de Oslo.

Antes de los Acuerdos de Oslo, el pueblo palestino había construido en la práctica un Estado bajo ocupación, basado en la organización popular, la soberanía colectiva y una red sólida de instituciones nacionales palestinas. Lejos de representar una ausencia de poder político, aquella etapa demostró que la liberación puede construirse desde abajo, incluso bajo dominación colonial directa.

Un Estado construido desde el pueblo

Tras la ocupación de 1967, y especialmente en los años previos a la Primera Intifada de 1987, se desarrolló en Palestina un entramado amplio y dinámico de organización popular: sindicatos, asociaciones profesionales, cooperativas, universidades, comités populares, prensa nacional, movimiento estudiantil y movimiento de presos.

Estas estructuras no fueron mecanismos simbólicos ni provisionales, sino instituciones estatales reales bajo ocupación, con capacidad organizativa, administrativa y social. Su fortaleza residía en que respondían directamente a una voluntad nacional popular, sustentada en una ética de responsabilidad, transparencia y compromiso colectivo, capaz de sostener la vida social, económica y cultural del pueblo palestino en su propia tierra.

La Primera Intifada y la ruptura con la administración colonial

La Primera Intifada (1987) no fue un estallido espontáneo, sino el resultado de una base social y política sólida, construida durante años de resistencia organizada. En ese periodo, el pueblo palestino logró desmantelar en la práctica las instituciones del régimen de ocupación israelí, especialmente en ámbitos clave como la educación, la salud, la agricultura y los servicios.

Bajo el marco del Liderazgo Nacional Unificado, se consolidó una forma avanzada de soberanía popular desde abajo, capaz de confrontar el proyecto colonial y de sostener la vida colectiva en condiciones de ocupación. La Intifada fue la expresión política de una sociedad organizada, consciente y comprometida.

Oslo: de la soberanía popular a la autoridad subordinada

Los Acuerdos de Oslo no partieron de un vacío institucional. Llegaron cuando ya existía una experiencia consolidada de Estado palestino bajo ocupación. Sin embargo, en lugar de fortalecerla, Oslo la sustituyó por una estructura basada en la transferencia de competencias desde la potencia ocupante a una Autoridad limitada, condicionada y dependiente.

Este proceso significó una regresión política profunda, presentada como avance diplomático:

  • Las instituciones dejaron de responder a la voluntad popular.

  • Jerusalén fue vaciada de su centralidad institucional y política.

  • Se debilitó la ética colectiva que había sostenido el proyecto nacional.

  • Emergió una clase política atada al marco de Oslo y a los intereses derivados de él.

La autoridad pasó a administrar la ocupación en lugar de confrontarla.

En este sentido, es fundamental subrayar que el objetivo histórico del pueblo palestino nunca ha sido un “Estado” vacío de soberanía, limitado por el ocupante y despojado de poder real. La lucha palestina es, ante todo, por la liberación y el retorno, por la recuperación de la tierra, de los derechos históricos y de la capacidad del pueblo para decidir su propio destino. Cualquier estructura estatal que no se asiente sobre estos principios no es un horizonte de emancipación, sino una forma de gestión del colonialismo impuesta al pueblo palestino.

Del tejido comunitario al control colonial total

Tras Oslo, la sociedad palestina quedó progresivamente fragmentada y sometida al control directo del ocupante. Se erosionaron las redes capaces de proteger a la comunidad y de sostener un proyecto nacional independiente. Israel profundizó su dominación, avanzando en la devastación de Gaza y en la destrucción sistemática de la tierra y de la voluntad política en Cisjordania.

El resultado ha sido un pueblo colocado bajo vigilancia permanente, despojado de control sobre su destino, mientras la ocupación intensifica su proyecto de eliminación física, política y social.

Mirar al futuro: reconstruir desde nuestras raíces

La experiencia palestina anterior a Oslo no solo nos habla del pasado, sino que abre una perspectiva clara hacia el futuro. Si el pueblo palestino fue capaz de construir instituciones nacionales sólidas bajo ocupación, hoy —a pesar de la devastación, el genocidio y la fragmentación impuesta— existe una capacidad real para volver a reconstruirlas, sobre bases más conscientes, firmes y liberadoras.

Nuestra fuerza reside en una nueva generación palestina, formada, politizada y conectada globalmente, que no hereda solo el dolor, sino también la memoria organizativa, la experiencia de resistencia y la convicción de que la liberación no es una consigna abstracta, sino un proceso histórico que se construye. Estas generaciones jóvenes están llamadas a levantar un frente amplio de resistencia, social, política, cultural y popular, capaz de unificar al pueblo palestino en todas sus geografías.

Esa reconstrucción futura solo puede ser plural y diversa, reflejo de la riqueza real del pueblo palestino: mujeres y hombres, juventud, trabajadoras y trabajadores, campesinado, refugiados, diáspora, presas y presos, intelectuales, artistas y militantes. La diversidad palestina no es una debilidad, sino una fuente de fortaleza política y social cuando se articula en torno a un proyecto común de liberación.

En ese proceso, el papel de las mujeres palestinas ha sido —y seguirá siendo— central. Han sostenido la vida bajo ocupación, han defendido la identidad nacional en los momentos más duros, han organizado la comunidad, la educación, la salud y la resistencia cotidiana. No hay entidad palestina ni sociedad futura posible sin el liderazgo, la participación y la centralidad política de las mujeres palestinas, no como acompañantes, sino como sujetas plenas de la lucha y de la construcción nacional.

Pensar Palestina más allá de Oslo es, por tanto, pensarla del río al mar, como un proyecto de liberación integral, basado en la soberanía popular, la justicia histórica y la reconstrucción consciente de nuestras instituciones nacionales, al servicio del pueblo y no de la ocupación.

Desde Alkarama, reafirmamos que la reconstrucción del proyecto nacional palestino pasa por recuperar esta experiencia histórica de dignidad, organización y soberanía popular, desmontar las ilusiones del “realismo político” y devolver el protagonismo a la voluntad del pueblo.

Liberación y retorno antes que Estado.
Estado antes que autoridad.
Unidad popular antes que fragmentación.
Liberación de Palestina, del río al mar

Alkarama – Movimiento de Mujeres Palestinas
Análisis político, formación feminista y compromiso con la liberación y el retorno del pueblo palestino.

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