La activista palestina, del movimiento Alkarama, denuncia la ofensiva mediática contra la flotilla internacional Global Sumud y alerta sobre la censura sistemática de voces solidarias con Palestina
En los últimos días, medios como el New York Post han lanzado una campaña de desinformación y ataque contra la flotilla internacional Global Sumud y contra quienes la impulsan, entre ellos el activista brasileño Thiago Ávila.
Según denuncia, activista de Alkarama, “lejos de ofrecer una cobertura informativa rigurosa, estos medios han optado por el sensacionalismo, difundiendo insinuaciones y supuestas polémicas internas con el objetivo de desviar la atención del verdadero propósito de la misión”.
En lugar de abordar el carácter político y humanitario de la flotilla —dirigida a romper el bloqueo impuesto sobre Gaza y a denunciar una situación de castigo colectivo sostenido—, el foco se desplaza hacia rumores, acusaciones sin fundamento y ataques personales. “Se trata de una estrategia recurrente: cuando no se puede justificar el bloqueo ni defender las políticas de la ocupación, se busca desacreditar a quienes las desafían”, señala.
Al mismo tiempo, la activista subraya la profunda desigualdad en el terreno mediático. Mientras este tipo de medios, con amplios recursos y plataformas de difusión internacional, amplifican narrativas de criminalización, numerosas voces solidarias con Palestina —incluyendo periodistas, organizaciones y activistas— enfrentan censura, bloqueos en redes sociales, desmonetización y restricciones a su alcance.
“Esta asimetría no es casual, sino parte de un ecosistema informativo que favorece determinados intereses políticos y margina otras perspectivas”, añade.
La flotilla Sumud forma parte de una larga tradición de solidaridad internacional con el pueblo palestino y de acciones directas para hacer frente a la impunidad del régimen de ocupación en el ámbito marítimo. Silenciar o distorsionar esta iniciativa mediante campañas mediáticas busca aislarla y debilitar su impacto político.
Desde Alkarama se advierte que resulta especialmente grave que estas prácticas se reproduzcan en países que se presentan como garantes de la libertad de expresión. La persecución mediática y política contra activistas y organizaciones solidarias no solo busca intimidar, sino también impedir que la voz del pueblo palestino llegue a la opinión pública internacional.
Frente a ello, la solidaridad no será criminalizada. La flotilla Sumud no es el problema: es parte de la respuesta frente a décadas de ocupación, asedio y violaciones sistemáticas del derecho internacional.