Mientras Gaza continúa bajo asedio y genocidio, las flotillas internacionales de solidaridad se han convertido en símbolo de dignidad y resistencia global. Este artículo de Izzat Jamal reflexiona sobre el significado político y humano de las misiones marítimas que desafían el bloqueo israelí y mantienen viva la esperanza de libertad para el pueblo palestino.
La Flotilla del Sumud y las velas que no se rompen
Izzat Jamal
Hay velas que no se rompen. Son hombres y mujeres que creyeron en la libertad y confiaron en su capacidad para conquistarla. Cuando el mundo fracasó en romper el asedio impuesto desde hace dos décadas a más de dos millones de personas, limitándose a contemplar el asesinato sistemático, el hambre y las privaciones que padecen; después de una guerra devastadora sufrida por el enclave sitiado durante dos años, en la que se han visto las formas más atroces de genocidio y limpieza étnica.
La Flotilla del Sumud y la Libertad se convirtió en un bálsamo de esperanza y dignidad. Gaza, herida y resistente, siguió sus noticias con emoción y esperó su llegada con anhelo. Porque en este mundo, que ha endurecido su corazón hasta guardar un silencio aterrador ante la tragedia y el sufrimiento del pueblo palestino, aún existen personas libres que levantan la voz por la justicia y la libertad, que atraviesan los mares para romper el bloqueo y poner fin a la opresión impuesta sobre Gaza.
Los organizadores de estas iniciativas marítimas han demostrado que la voluntad popular libre es más fuerte que las políticas de limpieza étnica y apartheid, y que la ocupación israelí puede ser aislada por las y los libres del mundo que navegan hacia la capital moral de la libertad de nuestro tiempo: Gaza la digna.
Sí, Gaza —de la que pretendieron expulsar a su pueblo mediante guerras continuas y políticas agresivas, culminando en la guerra genocida lanzada por la ocupación israelí desde octubre de 2023 hasta hoy— se ha convertido en la brújula ética de nuestra época. Después de destruir más de 300.000 viviendas, dañar otras 80.000, arrasar hospitales, escuelas, mercados, mezquitas e iglesias, y obligar a dos millones de palestinos a sobrevivir en apenas el 40% del territorio de Gaza, la mayoría hacinados en campamentos de desplazados.
Y así como la ocupación fracasó en arrancar al pueblo de Gaza de su tierra, también ha fracasado frente a las olas de libertad y las velas de justicia que llegan desde mares y océanos. Aunque detengan a activistas, pirateen embarcaciones, destruyan velas, ejerzan violencia brutal y encarcelen a quienes participan en estas misiones humanitarias, no podrán detener esta marea global formada por figuras del ámbito científico, cultural, político, social y de derechos humanos, hombres y mujeres convencidos de que Gaza merece vivir libre.
Participar en estas flotillas se ha convertido en un honor, un legado humano y un ejemplo de dignidad que toda persona libre desea abrazar.
“Participar en estas flotillas se ha convertido en un honor, un legado humano y un ejemplo de dignidad que toda persona libre desea abrazar.”
Estas acciones humanitarias y heroicas son prueba de que apoyar a Gaza no es imposible. Es una tarea posible para quienes deciden levantarse y abandonar la impotencia y la resignación. Estas crecientes olas marítimas son fundamentales para mantener el bloqueo de Gaza y el sufrimiento del pueblo palestino bajo la mirada del mundo.
Mientras Gaza es sitiada, hambrienta y sometida a políticas de limpieza étnica y apartheid, las y los activistas de la libertad afirman que Gaza no está sola, que las personas libres del mundo permanecen a su lado compartiendo el dolor y la resistencia hasta que el asedio sea levantado y caiga el último régimen fascista de ocupación conocido por la humanidad.
La continuidad de las flotillas y de las personas libres que llegan desde todos los rincones del mundo hacia “Gaza la digna” anuncia el fracaso de la política de aislamiento y bloqueo aplicada por la ocupación israelí desde 1948 contra el pueblo palestino. Los organizadores han logrado transformar la iniciativa de la “Flotilla de la Libertad” y posteriormente la “Global Sumud Flotilla” de una cuestión humanitaria en una profunda crisis política y jurídica que seguirá creciendo con el tiempo, a medida que aumenta la conciencia mundial sobre el peligro que representan las políticas agresivas de la ocupación israelí para los pueblos y para la humanidad entera.
Los testimonios de las y los activistas liberados tras la piratería cometida por la marina israelí contra sus embarcaciones, y las denuncias sobre torturas, agresiones, humillaciones, amenazas y acoso sexual sufridos durante su detención, son motivo de orgullo para quienes participaron en estas misiones y evidencian la profunda crisis moral y política de la ocupación frente a estas olas crecientes de solidaridad internacional.
A todas las personas que afrontaron el mar hacia Gaza y soportaron persecución, intimidación y tortura por ello: seguid siendo velas que no se rompen.